Fue una locura. Sucedió una espléndida noche de verano.
Me presentaré, me llamo Pilar, tengo 35 años y estoy soltera porque quiero, como decían los antiguos porque pretendientes no me han faltado. De sexo no estoy sobrada, pero no me falta, tengo mi grupo de amigos y sólo tengo que llamar a alguno, pues ellos siempre están dispuestos, la mayoría de ellos se pasan el día en casa viendo videos x así que no es de extrañar que en menos de 15 minutos los tenga en la puerta de mi casa cuando quiero. El sexo siempre fue un gran motivador.
Sucedió de forma inesperada, ni tan siquiera tenía pensado salir aquella noche, pero, lo que había en la tele no me gustaba nada, me asomé al balcón, la noche era preciosa y el ambiente en la calle era estupendo. Decidí salir y tomarme una copa en un pub que frecuentaba. Me di una ducha rápida, me puse unos vaqueros y una blusa y salí con intención de regresar en menos de una hora.
En el pub estaba Antonio, Felipe y otros tres amigos que no conocía. Me acerqué a ellos y después de los saludos y presentaciones de rigor, pregunté por mis amigas y me dijeron que no las habían visto. Estuvimos charlando y bebiendo animadamente. Antonio hizo un comentario sobre una chica estupenda que entró al pub, algo así, como ‘a esa le echaba dos polvos sin sacarla’ y yo, que ya llevaba dos ron con coca-cola, le dije que menos lobos. La conversación fue a más, y todos eran capaces de echar dos polvos sin sacarla y los les dije, que, en las condiciones que estaban, no se las verían para echar uno sólo.
Antonio fue el primero en proponerlo:

– Pues vamos a tu casa y te lo demostramos.
– ¿Los cinco! – dije escandalizada.
– ¡Tu puedes!. – dijo uno los amigos, animándome con mucha gracia.
– Claro que puedo. – respondí, sin saber lo que decía.
– Pues vamos a tu casa. – dijo Antonio.
– ¡Estás loco! – le dije, aunque la idea me había excitado.
Antonio insistió.

– Yo respondo por mis amigos. Son gente sana y discreta. – dijo, sabiendo que una de mis reticencias podría ser que no conocía a los tres amigos.
Unos minutos después preguntaba si tenían preservativos.
Cuando llegamos a mi casa, Antonio comenzó a meterme mano y enseguida, diez manos me desnudaban y tocaban por todas partes. Tuve que poner un poco de orden, casi desnuda nos dirigimos al dormitorio, allí se la chupe a uno que se corrió enseguida, después, uno a uno me follaron todos. Los dos últimos polvos fueron impresionantes y gocé muchísimo


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