La sonrisa el fin de semana

alina-sonrisa-tonta-perla-negra

Siempre he sido un hombre bastante poco decidido, a pesar de ello me casé y tengo lo que se puede decir una vida feliz, mujer, hijos y perro. El caso es que en el terreno sexual mi mujer no es lo apasionada que busco y por mucho que le intentara decir lo que me gusta, se puede decir que hizo oídos sordos. Sexo aburrido y cuando lo hay, que no es muy a menudo.

El sexo no debe ser nunca como ir a fichar, por lo que me animé a buscar una escort por barcelona. Un compañero del gimnasio donde voy me dijo que buscase en internet a una que tuviera buenas referencias y que podía pasarlo muy bien.

Total, que en las horas libres que podía y siempre con precaución, buscaba alguna que me gustara y que me encajara. Vi una rumana llamada Alina, ojos azules bonita sonrisa y un buen cuerpo, con curvas.

La llamé y me contestó muy amablemente, la cita sería en un hotel y según sus propias palabras no me decía no a nada siempre que fuera con respeto. Jamás tardó tanto en llegar un viernes. Cuando salí del trabajo llamé a mi mujer para decirle que me iba a comer con compañeros del trabajo que nos había invitado uno, algo que era bastante frecuente.

Así que la esperé en mi habitación, cuando tocó a la puerta casi me dio un vuelco el corazón, dos besos y nos tomamos una cerveza en el minibar. Le dije que estaba nervioso y me dio un beso dulce y un abrazo de esos que te tranquilizan.

Seguimos hablando y me contó un poco de su vida, al menos le iba bien como escort en Barcelona y estaba teniendo suerte. Le dije que quería besarla y ahí fue cuando se desató la bestia que llevaba escondida mucho tiempo. No tardé en mamar sus pechos y hacerle un sexo oral que llegó a hacerle sentir tanto que hizo un “squirt” que nos pusimos los dos perdidos. Sexo anal, 69, incluso juguetes para los dos con los pequeños consoladores que tenía.

 

Toda una experiencia que hizo que el resto del fin de semana estuviera con una sonrisa tonta que hasta mi mujer se dio cuenta. Le dije que no podía dejar de reirme pensando en un compañero que tropezó, se lo creyó. Siempre he sido tan poco decidido que sería del último del que sospechar…


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *